El
cemento actúa como aglomerante del mortero. El mortero sirve
para pegar o unir los ladrillos o piedras usados en la construcción.
El cemento suele suponer el 3% del coste de las edificaciones.
Desde la antigüedad
se han utilizado diversos morteros. Así, en
las pirámides egipcias se usó un mortero a base de yeso. La cal
apagada fue utilizada por griegos y romanos. Los etruscos usaban
ya en el 700 a.c. un cemento que endurecía con agua: mezclaban
cal molida, arena y una roca volcánica.
En 1824 el
inglés Joseph Aspdin patentó el cemento Pórtland,
llamado así por el parecido con una roca típica de esta ciudad
inglesa.
El cemento
Pórtland -el más común- se fabrica básicamente con
calizas
y arcillas o pizarras. También suele añadirse mineral de hierro,
yeso
y otros componentes. Pero hay que vigilar mucho la composición
y proporción, puesto que de ello dependerán las propiedades resultantes.