LA PREHISTORIA EN EXTREMADURA

Las investigaciones sobre la Prehistoria en Extremadura aún son escasas, pero ya se tienen suficientes conocimientos como para establecer algunas conclusiones sobre la este amplísimo período de tiempo en la región.
Acerca de los primitivos pobladores prehistóricos en la región, se puede aventurar como mínimo una antigüedad de 700.000, a partir de los instrumentos encontrados en excavaciones, pertenecientes al período Achelense. Se sitúan los yacimientos estudiados en los valles de los dos ríos principales, en el Guadiana, especialmente cerca de Mérida, así como en el Tajo y en el Alagón. También hay testimonios arqueológicos del Paleolítico Medio, concretamente del período Musteriense, aunque, a pesar de ser mucho más reciente, son pocos los restos encontrados del Paleolítico superior, del cual se debe destacar la cueva de Maltravieso en Cáceres, con pinturas rupestres.


El legado arqueológico de la prehistoria extremeña no es desdeñable y en un rápido inventario se deben señalar, aparte de los instrumentos líticos característicos de la prehistoria, restos de poblados, monumentos megalíticos y objetos de uso diario junto con restos de con cerámica.


En lo que se refiere a la primera etapa de la prehistoria, el Paleolítico, lo cierto es que la que se ha logrado encontrar fruto de excavaciones en Extremadura se limita a útiles y herramientas de piedra tallada (mayoritariamente de cuarcita) pero pocos restos más.


-Del Paleolítico inferior hay restos de útiles tallados en piedra, concretamente del período Chellense-Abbevillense, pues las excavaciones han proporcionado hachas de mano en algunos valles de ríos extremeños como el Guadiana, Zújar o Alagón, en enclaves como Peñalsordo, Alía, Martinebrón (cerca de Granadilla) etc. De etapas inmediatamente posteriores hay igualmente restos hallados en una finca cercana a Valencia de Alcántara, llamada Valdecañas.


- Del Paleolítico Medio, que viene a coincidir con el período denominado Musteriense, todavía no se han encontrado demasiados restos en la región, consistiendo principalmente en raederas, denticulados y puntas de flecha de técnica levallois. Los yacimiento principales siguen siendo los del valle del Guadiana, pero hay evidencia de una mayor capacidad de ocupación del territorio, posiblemente en áreas medias y altas de las sierras cercanas.


- Sin embargo, a partir de la presencia del Homo Sapiens Sapiens en Europa, hace unos 50.000 años, también hay constancia de su presencia en Extremadura. De los períodos del P. Superior (Auriñaciense, Solutrense y Magdaleniense), se deben destacar las tres típicas muestras de aquellos antepasados: las líticas, ahora muy bien trabajados y perfeccionadas (buriles, raederas, microlitos etc.), las de hueso y astas de animales (arpones, agujas, bastones de mando etc., en Extremadura con menor presencia), y la pintura parietal en cuevas. Dentro de los restos hallados sobresalen las hachas talladas del yacimiento de Cabezo de Galisteo y las pinturas de la cueva de Maltravieso de Cáceres. En ella se hallan múltiples formas pintadas con formulaciones geométricas o figurativas, predominando la figura de una cierva sobre todo el conjunto así como una serie de manos en color rojo con el dedo meñique al parecer amputado. Todavía se discute si estas pinturas pertenecen al Magdaleniense o a una época mucho más tardía como el Calcolítico o incluso más recientes.


Pero la herencia prehistórica más llamativa en la región la constituyen los monumentos megalíticos del Neolítico, que se encuentran localizados en muchos lugares de Extremadura; de entre todos ellos deben ser destacados los dólmenes de Valencia de Alcántara y Cordobilla de Lácara.
Del Neolítico, cuyos logros ya conocidos tanto en el terreno productivo, como en el de la organización social y la expresión artística, llegan a Europa tardíamente; parece que las nuevas técnicas aportadas por el Neolítico llegaron a Extremadura hacia finales del tercer milenio a de C. Lo más representativo del neolítico en Extremadura está constituido por la cultura dolménica de enterramientos colectivos. Son muy abundantes y repartidos por todo el territorio. De entre todos ellos se deben destacar los que componen el conjunto de Valencia de Alcántara, pero también, aparte de otros muchos, los de Hernán Pérez y, en Badajoz, el de Lácara, cerca de Mérida. De sus excavaciones se han obtenido los “ajuares” compuestos por una interesante variedad de objetos líticos y de otros materiales: armas como puntas de flechas, raspadores, buriles, objetos de adorno como cuentas de collares, cerámica y placas de pizarra grabadas.
Un caso especial lo constituye el de Lácara que proporcionó dos puntas de flecha de bronce, y restos de una interesante cerámica similar a la campaniforme. Otro caso de cerámica peculiar de esta etapa prehistórica es la encontrada en la cueva de Boquique, en las cercanías de Plasencia.
Ya en pleno período del Bronce, en los albores de la historia en sentido estricto, son característicos de Extremadura los numerosos “ídolos” grabados en bloques de pizarra como los 24 encontrados en la cuenca del Guadiana, en lugares como la Granja de Céspedes.
Por lo demás, parece que también se debe contar con manifestaciones de un arte rupestre neolítico, similares al esquemático capsiense, identificados en algunos abrigos rocosos y cuevas como las de Alburquerque, Peñalsordo, Zarza de Alange, Montfragüe, las Villuercas etc.


A partir de aquí el protagonismo en Extremadura lo ostentan los pueblos “prerromanos” celtas que también desde Europa llegan a la Península y a Extremadura en los inicios del primer milenio a. de Cristo; fueron conocidos como los Kynetes, o Cuneos, o Cempsos: son los constructores de las citanias y castros en los altozanos rocosos de los que hay múltiples ejemplos por toda la región. A estas culturas les debemos especialmente las estelas funerarias dedicadas a sus reyezuelos y caudillos con grabaciones de figuras antropomórficas, de modo esquemático, con diademas, cuernos, espada, escudo, arco, flecha y el carro de caballos: lugares como Trujillo, Valencia de Alcántara, Brozas, Sierra de Gata, Fuente de Cantos, Alburquerque, Magacela etc. han prestado los ejemplos más notables.
Después se superponen a estas culturas primitivas una serie de pueblos que son los que entrarán en contacto con los romanos para ser dominados por éstos: los lusitanos, situados al noroeste de la actual Extremadura y en Portugal, los vetones al noreste de la actual Cáceres, y los túrdulos habitando las tierras más allá del Guadiana hacia el sur; pero esta etapa ya es la historia.

El contacto con las culturas mediterráneas se demuestra con hallazgos como el tesoro de La Aliseda, de los siglos VII-VI a.C., que es una valiosa manifestación de arte posiblemente fenicio, o las monedas y vasijas griegas encontradas en Medellín y Cáceres.