RETRATO BARBERINI. SIGLO I AC.


PATRICIO CON DOS BUSTOS, LLAMADA ESTATUA BARBERINI

-Descripción iconográfica:
Hombre de tamaño parecido al natural que lleva dos cabezas-bustos en las manos, la de la derecha la sujeta posada sobre una columna y la otra la mantiene sobre el brazo izquierdo en una actitud tensa. La columna va decorada con temática vegetal, y su altura llega a medio cuerpo de la figura; ésta viste con manto de abundantes plegados, que se recoge a la altura de la cintura. En el busto de la mano izquierda se aprecia el nacimiento de los pliegues del vestido; la figura se apoya en un pie y flexiona el otro en una actitud bastante relajada.
Los rostros: el de la figura central, duro y de pómulos salientes, y el de los bustos con expresión más suave.
Los plegados del manto del personaje central marcan formas angulares centrales, contrapesadas por formas curvas, fragmentos elípticos que dan idea de arcos concéntricos, verticalismo en la composición y equilibrio en la simetría.
La caracterización del personaje viene dada por la toga –cubre ésta una túnica que se sujeta con fíbula- y que es el símbolo del patriciado y que indica su acceso a la magistratura.
En el siglo I a.C., el patriciado recobró sus prerrogativas y el retrato con el atuendo patricio era símbolo de importancia social, política y de casta.
El retrato con las imágenes de los antepasados es la expresión del ius imaginum. Tener el atrium de su casa repleto de imágenes incensadas era signo de vieja nobleza (Séneca, Epist. 44,5)
El conjunto resulta una reproducción de imágenes de tres generaciones: abuelo, padre e hijo (¿) por medio del cual se presenta y se rinde culto a la familia, a los antepasados. Los bustos que sostiene el patricio son de distinta época: uno es un reproducción del 50-40 a.C. y el otro es una generación más joven. La cabeza del patricio no es la original, sino una que se le adaptó fechada en torno al 40-30 a.C. Esta cabeza es la única prototipo del retrato republicano típico del segundo triunvirato. En este momento se funden las formas helenísticas con la tendencia naturalista de tradición latina-romana.
Altura 1.65 m.

-Aspecto formal y técnico:
Esculturas realizadas, partiendo de un bloque posiblemente cilíndrico, llegando al , pero aún la visión frontal nos da idea de un trabajo que sigue la técnica de los relieves: trabajo por delante, por detrás, siendo la frontal, la visión más detallada.
Se impone formalmente el cilindro, frente a la forma esférica de las cabezas. Las líneas internas son angulares y curvas, toman vida y movimiento en el plegado equilibrado de los paños, que marca el ritmo y movimiento interno de la figura.
Las masas se acentúan en la parte inferior, porque el cuerpo va sólidamente unido a la peana. La única señal de ligereza está marcada por la separación entre la figura y la columna, y el escaso movimiento de los pies, en medio de los que el mando cae rígidamente.
La línea vertical configura la obra, marca la simetría y el desarrollo ascendente del conjunto, que sólo se quiebre por los ángulos de vestido en el recogido de la túnica y en la postura de la figura con marcado contraposto en las piernas.
El plano principal es rectangular (la base/hombros cierran el conjunto) y una diagonal, marcada por la toga, une los dos bustos, remarcándola otras líneas paralelas.
Piedra y mármol serán los materiales más usados en época republicana, estos materiales y el bronce desplazaron a las primitivas imágenes de cera, madera o terracota.
Técnicamente no debe olvidarse la importancia de los dos métodos de trabajo históricos: vaciado y modelado.
En el avance técnico de la máscara al retrato está el origen material de una obra, cuyo fin será pasar a un lenguaje expresivo y formal el aspecto de una persona en vida, y este paso no es sólo un proceso mecánico. El tránsito de una imagen de la realidad natural a una imagen de la realidad artística nos demuestra que la máscara no es sólo un molde, sino la matriz sobre la que se realizará formalmente el retrato romano.
La ausencia de policromía es afirmación que define la escultura romana y la ausencia de otros materiales complementarios. Así, los ojos se esculpían vaciando el contenido, pero hasta época muy tardía no trabajaron el iris. La desnudez del material fundamental, piedra o mármol en las obras esculpidas, deja el valor estético a sus propios recursos formales.
La demanda de los bustos-retratos es tan fuerte que se admite la posibilidad de que elaborasen modelos de tronco y que luego se añadiese la cabeza. Así las cabezas-retrato se acoplaban con frecuencia a cuerpos esculpidos en serie.

-Supuestos plásticos y estéticos:
En el momento en que una figura genérica o una máscara obtenida por vaciado en cera va a ser tratada, buscando no sólo los rasgos fisonómicos, sino una imagen de serena belleza, comienza el retrato romano. Si la búsqueda de las facciones reconocibles del ser humano va a ser fundamental para el retrato romano, no puede olvidarse su relación con el momento griego helenístico, que ha pasado también de lo genérico a lo específico.
En un comienzo sólo interesa la faz, partiendo de la máscara; sobre ella se impone un realismo veraz, una tendencia a la fiel reproducción. García Bellido dirá: Toma lo externo, el rostro con sus accidentes y disonancias personales (arrugas, pliegues, deformaciones, verrugas) y tanto más penetrante será, cuanto mejor acuse el rostro el mundo interior del retratado
La idea de prescindir del cuerpo acentúa la importancia que atribuyen al rostro, al que sólo conceden un busto triangular y el nacimiento del vestido. También son concesiones al sentido de casta, que va tomando el retrato vinculado al patriciado.
La expresión de un rostro duro, sin transmitir dolor o alegría, rígido en la expresividad, es explicado como el rigor mortis transmitido a la máscara de cera de sus facciones enjutas y chupadas con pómulos salientes, nariz afilada, boca fruncida y retraída; piel rugosa, orejas en abanico, la nuez prominente, las mandíbulas descarnadas…
En esta escultura existe un contraste marcado en la rigidez del tratamiento del rostro, que verifica lo expuesto, y el sentido de la flexibilidad, captado en el movimiento de los paños.
Las calidades táctiles sólo se evidencian en las superficies lisas de la epidermis de los rostros (apenas aparece una ligera rugosidad en el cabello) y las angulosas formas del vestido, tratadas con patente claroscuro en donde se aprecia el ritmo, algo tosco y ligeramente arcaico.
La obra resulta cerrada, dotada de un fuerte hermetismo en la expresión y trascendencia sentida en el contenido; presentación de los antepasados. El movimiento envolvente destaca en el plegado de los paños, que se muestra poco naturalista al tener que prescindir de las manos, que soportan los bustos.
La sensación de volumen tridimensional se pierde por la visión frontal y el carácter descriptivo casi de plano. Las líneas se distribuyen en formas contundentes, angulares o curvas, de marcada profundidad, mostrando el único movimiento de la obra.
La sensación de masa de forma elíptica se pierde por la verticalidad, sin ingravidez, pero de forma grácil se aleja de la sujeción de la peana y toma vida, despega de sus bases… pero queda un elemento de apoyo: la columna, que empalma con la antigua tradición griega y que equilibra la masa, y marca con su estatismo vertical el contraste con el dinamismo de las curvas de la toga.
La obra sintetiza así los valores propios y específicos del realismo del retrato romano y el clasicismo griego, que se filtra en Roma y que adquiere plenitud en época de Augusto.

-Función, símbolo y significado:
El retrato romano se considera hoy ligado a la expresión artística oficial de exhibición y propaganda, pero esta frase no puede afirmarse con rotundidad, ya que sufre un largo proceso. Desde el remoto culto a los antepasados, en la esfera privada e íntima de lo familiar, pasa a establecerse en la cumbre de lo oficial en época del Imperio.
Poco a poco, pasa a ser un retrato honorífico, que busca la fisonomía del personaje, pero también que debe representar los honores recibidos en vida, la categoría social, el símbolo del poder. El retrato republicano de la época de Sila coincide con el retorno de los patricios al poder y la búsqueda de prestigio político y social, para lo que se sirven sin duda también del ius imaginum, aparte de otros símbolos honoríficos. Es como una biografía de la vida privada, dentro del carácter gentilicio y familiar.
Aparte del simbolismo del retrato como obra para la perdurabilidad tras la muerte, hay que analizar su sentido de casta, a través del vestido. La toga ha sido el vestido de los romanos y simboliza no sólo la categoría social sino, según la tipología, otros aspectos de la vida romana.
Concluyendo, el atuendo analizado en la escultura puede tener un significado diverso: elemento diferenciador de clase social, de categoría; o simplemente concreta las costumbres o hábitos de un momento en el que influyen ya los modos y las modas.


 

 

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