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Aguas Subterráneas

Las aguas subterráneas ocupan un volumen de 2 a 8 millones de Km3 del total de las aguas de la hidrosfera. El hecho de no estar a la vista y no formar parte del paisaje a simple vista las ha convertido en algo misterioso y muchas veces buscado. En muchas ocasiones el único acceso al agua dulce para los seres humanos es el que proporcionan esos depósitos repartidos bajo tierra. Se llego a creer que su procedencia podía ser marina y que la sal se había perdido en el obligatorio filtrado que habría, teóricamente, que sufrir el agua marina hasta llegar a los depósitos subterráneos.

El agua subterránea puede detenerse en un depósito fijo o desplazarse. Tanto en un caso como en el otro, pero especialmente en sus recorridos y movimientos interiores, dan lugar a una variedad de galerías y estructuras subterráneas. La actividad del agua y su movimiento bajo la tierra deja en ocasiones marcadas huellas que tienen un interés especial para el estudio de la Tierra. En esta actividad no sólo entra en juego el papel erosivo que puedan desempeñar esas corrientes, sino que tienen un papel importante las propiedades químicas de los materiales terrestres. En ocasiones el agua puede volver al exterior dando lugar a fuentes naturales y/o manantiales.

Acuífero

Capa de roca capaz de almacenar agua.

Cuando llueve, parte del agua se filtra hacia el interior de la tierra mientras que otra arrastra en el suelo con efectos erosivos más o menos importantes y se incorpora a corrientes o depósitos de agua. El agua filtrada sigue su camino oculto y da lugar a los acuíferos. Un acuífero es, por lo tanto, una conducción subterránea de agua. La palabra procede de dos palabras latinas, aqua y ferere, lo que etimológicamente nos daría el significado “que lleva agua”.

Una parte de las precipitaciones caídas en la superficie terrestre se infiltra, siempre que el suelo esté formado por rocas porosas (arena, arenisca, grava y calizas), volviéndose agua subterránea. Cuando este agua se encuentra con una capa de rocas impermeables se detiene y acumula dando lugar a la denominada capa freática o manto acuífero.

Debemos tener claro que el acuífero se comporta más como una esponja que como un vaso. Es decir, la roca permeable contiene en sus poros y grietas el agua y sólo se depositará cuando dé con una capa de roca impermeable.

¿Qué cantidad de agua se filtra?

 

Pues como era de esperar, la cantidad de agua filtrada depende de las características del suelo en que se produzca la precipitación. La característica física que permite el paso del agua se denomina permeabilidad. El agua se filtra y se detiene al encontrarse con una capa permeable. El tamaño y forma de la zona impermeable que sirve que “barrera natural” al agua filtrada determina qué va a ocurrir con ese agua filtrada. Imagina que esta capa está inclinada. El agua dará lugar a una especie de río bajo tierra, un río subterráneo. Si la zona impermeable es una zona cóncava (depresión) podría incluso provocar un lago subterráneo.

 

Si el agua, en sus periplos subterráneos acaba presa entre dos zonas impermeables (como su fuera una auténtica canalización cerrada), estamos ante un acuífero cerrado o confinado. Es de esperar que por si cualquier motivo se produce una grieta en la canalización, las altas presiones den lugar a un escape del agua hacia la parte superior (nivel freático). Cuando el límite sólo existe por la profundidad tenemos un acuífero libre.

En la figura se ilustran los dos tipos de acuíferos:

1) río o lago, fuente de recarga de ambos acuíferos.

2) suelo poroso no saturado.

3) suelo poroso saturado, en el cual existe una camada de suelo impermeable (4) formado, por ejemplo por arcilla, este estrato impermeable confina al acuífero a cotas inferiores.

4) Suelo impermeable.

5) Acuífero no confinado.

6) Manantial.

7) Pozo que alcanza el acuífero no confinado.

8) Pozo que alcanza el acuífero confinado, frecuentemente el agua brota como en un surtidor o fuente, llamado pozo artesiano.

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Los dos procesos básicos en la vida de un acuífero son:

- La recarga o renovación del agua subterránea desde la superficie. Debemos recordar que el agua precipitada sobre un territorio tiene tres destinos: escorrentía (arroyada difusa y encauzamiento en arroyos y ríos), evapotranspiración de los seres vivos e infiltración. Este último destino es el que proporciona la recarga a los acuíferos, dependiendo la proporción de agua infiltrada sobre la total precipitada de tres factores: litología (permeabilidad o no de la capa geológica), pendiente (a mayor pendiente menor infiltración y viceversa) y la presencia y características de la vegetación.

- La descarga del agua subterránea se produce a través de los manantiales (punto donde el nivel freático intercepta la superficie) o artificialmente mediante pozos (perforación realizada por el hombre siempre por debajo del nivel freático).

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Un problema muy común en el mundo actual es la sobrexplotación de los acuíferos debido a que los aportes externos (recarga) son inferiores a la descarga (casi siempre debido a la explotación humana). En este mismo sentido es destacable la contaminación de los acuíferos proveniente de las diferentes actividades del hombre (agricultura, ganadería, industria y vivienda).

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Los manantiales

Cuando el agua se abre paso hasta el exterior, procedente del interior de la tierra, hablamos de un manantial. Los manantiales pueden dar lugar a corrientes de agua o formar depósitos de agua exteriores (lagos). No tienen por qué ser regulares y su caudal puede ser variable e intermitente en función de factores como la estación del año y el volumen de las precipitaciones en la zona de la que se trate. En otras ocasiones existe relación entre el manantial y la actividad térmica del interior de la tierra lo que da lugar a manantiales que emiten agua caliente y a fenómenos que ligan agua y otros vapores.

Las características del agua emitida varían en función de las características del suelo en que se hallen.

La intervención humana: los pozos

La necesidad y las variaciones climatológicas han acuciado la necesidad de la siempre necesaria agua dulce. Para su obtención se realizan sondeos para abrir acuíferos confinados. Las diferencias de presión hacen ascender el agua. Con ello se obtiene una fuente más o menos regular. El uso de pozos está muy extendido y la utilidad de los mismos es tan versátil como el propio líquido buscado.

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