Mamíferos
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Descripción

Los mamíferos comparten un antecesor común con las aves y los reptiles (Hickman y cols; 1998). Tienen en común con ellos algunos caracteres, por ejemplo: el huevo amniótico; con las aves, además la endotermia. Pero tienen otros caracteres que los distinguen de ellos. Entre estas características exclusivas de los mamíferos destacamos:

Todo ello ha hecho posible que los mamíferos puedan vivir en, prácticamente, todos los ambientes de nuestro planeta. El pelo les hace independiente del clima; el embrión está totalmente protegido hasta que nace e incluso son alimentados hasta después del nacimiento; su gran inteligencia les ha permitido tener éxito, entre otras cosas, en la colonización de nuevos espacios, defensa de depredadores, búsqueda de alimentos, etc.

Otras características de los mamíferos son:

Relación con el hombre

La relación del hombre con el resto de los mamíferos ha sido, y es, muy frecuente. Desde el principio de nuestra especie han supuesto una fuente de alimentación, y posteriormente los hemos ido utilizando (bien el animal completo o parte de él) para vestirnos y protegernos del frío aprovechando su pelo (zorro, visón, etc.), para cargar (caballos, bueyes…) para labrar la tierra (mulos, burros…); los hemos domesticado para obtener más alimento (leche de vaca, carne de cerdo, de conejo…) y pelo en abundancia (ovejas, chinchillas…); los utilizamos como mascota o animal de compañía (perros, gatos…), nos divertimos con ellos jugando a cazarlos (ciervos, liebres, jabalís…) y pescarlos (ballenas, focas…), los utilizamos cada vez más en la investigación (ratones, conejos…), etc.

Diversidad

La diversidad de los mamíferos es exageradamente alta. En cuanto al tamaño están entre ellos los animales vivientes más grandes del planeta (las ballenas, que pueden superar los 30 metros de longitud y las 100 toneladas de peso) y los más pequeños (musarañas y algunos murciélagos que apenas superan 1 gramo). También su morfología corporal es muy diversa (murciélagos, garduñas, canguros, ciervos, monos, delfines…). Lo mismo se puede decir de los modos de locomoción: vuelan, nadan, andan, corren, saltan, se arrastran… y del comportamiento: algunos construyen galerías más o menos elaboradas; la mayoría tiene vida social: parejas (macho y hembra), familias (macho y hembra con sus hijos) o grupos más numerosos asociándose para cazar, migrar…; delimitan y defienden su territorio (nutrias, linces…), etc. Entre los mamíferos los hay que migran (ballenas, ñúes, murciélagos…) aunque no es práctica de los mamíferos extremeños o que invernan (erizos, comadrejas, murciélagos…) cuando las condiciones les son adversas.

Destaca igualmente la capacidad para orientarse mediante la ecolocación que practican los murciélagos, ballenas, incluso, aunque en menor medida, algunos insectívoros.

En cuanto al desarrollo de las crías, los hay que recién nacidos pueden ya seguir a la madre (ciervos, cabras…) pero también otros que nacen totalmente indefensos y totalmente dependiente de la madre (canguros, ratones…).

Tegumento

Hay que destacar entre los mamíferos las estructuras derivadas del tegumento. Ya hemos citado el pelo, con función predominantemente térmica y que mudan al menos una vez al año. También, gracias al pelo pueden camuflarse (liebre en el suelo), flotar (por las burbujas de aire que quedan entre ellos), asustar a un depredador (el erizo), etc.

Característicos son también, sobre todo en las especies cinegéticas, los cuernos y las cuernas. Los primeros son propios de los rumiantes (muflones, cabras…) y no se mudan; crecen continuamente, es decir, permanecen siempre en el animal y tanto en el macho como en la hembra. Aunque puede curvarse no se ramifican. Son fundas huecas.

Las cuernas o astas son típicas de la familia de los ciervos (cérvidos) y se mudan periódicamente, cada año; solo están presentes en los machos. Son estructuras óseas, como huesos ya caducos y pueden ramificarse.

Finalmente están las glándulas. Pueden ser: