Inicio | Situación | Actividades iniciales
 
Parada 5: Portilla del Tiétar Panorámica

Sobrepasado el núcleo del sinclinal a la altura de las presas del Tiétar y Tajo, recorremos el sector norte del mismo atravesando de nuevo las capas de cuarcita y pizarra antes analizadas y finalizamos el itinerario en las Vegas del Tiétar. A lo largo del recorrido se aprecia la repetición de las crestas, valles y materiales constituyentes, y se analizan las unidades morfológicas más destacables del Parque -terrazas y glacis de cobertera-, la frecuente asociación de pliegues de diferente magnitud que se generan en las grandes estructuras plegadas, el abrupto desfiladero abierto por el río Tiétar al entrar en el Parque en la Sierra de Serrejón y finalmente la dehesa de alcornoques y encinas que limita al Parque y que proporciona abundante alimento a su fauna salvaje.
Tras superar el mirador de la Báscula desde donde se contempla una amplia panorámica del sector sur del Parque y cruzar dos bandas cuarcíticas se llega al mirador de La Higuerilla desde el que se puede observar la fauna instalada en el embalse de Torrejón-Tiétar y disfrutar con la presencia de la garza real, pato cuchara y también del águila culebrera, buitre negro y cigüeña negra en primavera.


Cuarcita armoricana con pliegues menores en las inmediaciones de la Portilla del Tiétar.

Siguiendo el nivel pizarroso en donde se ha instalado el Arroyo Cansinos se aprecian pequeños rellanos constituidos por cantos redondeados de cuarcita y areniscas envueltos en una matriz arcillosa, correspondientes a dos niveles de terrazas aluviales colgadas a 55 m y 40 m del cauce actual, de edad Pleistoceno medio y relacionados con la actividad de este arroyo. También se observa el glacis de cobertera que desciende de la Sierra de Serrejón recubierto por la característica vegetación de solana. A pocos metros y ya en el nivel de cuarcita armoricana destacan un conjunto de pequeños pliegues (pliegues secundarios), que muestran como a menudo en las grandes estructuras plegadas aparecen asociados pliegues de distinto orden de magnitud, y el abrupto desfiladero abierto por el Tiétar al entrar en el Parque (Portilla del Tiétar), coloreado de amarillo por la colonización liquénica. En este corte se advierte que las distintas capas de cuarcita están inclinadas hacia el sur, a diferencia de lo observado en el salto del Gitano. Esta banda cuarcítica, que también define una gran cresta lineal que da lugar a las Sierras de Serrejón y Serrana con cota media de 250 m, se alza unos 200 m sobre el replano de la Cuenca del Tiétar y se ve bordeada por un manto coluvionar revestido por un encinar más o menos denso según la disposición a solana o umbría. No obstante, en este sector el matorral es más abundante, formando en la umbría a una espesura impenetrable que sirve de refugio a numerosa fauna de mamíferos y aves que obtienen aquí seguridad y protección.


Portilla del Tiétar.

Finalizamos el itinerario en la dehesa de alcornoques y encinas que linda con el parque de gran valor natural, estructural, productivo y paisajístico. Esta dehesa presenta una alta diversidad biológica ya que aquí tienen su hábitat un buen número de especies (elanio azul, águila imperial, jinetas, rabilargos, lirones caretos, liebres, lagartos ocelados, erizos, comadrejas, garduñas, etc.) y además sirve de área de alimentación de muchas de las que nidifican o se refugian en el bosque y roquedos de la Sierra (alimoches, buitres , ciervos, jabalíes, lince, gato montés, etc.).
Dada la mayor humedad edáfica de la vega del Tiétar, el hombre ha potenciado el desarrollo del alcornoque logrando diversificar y complementar los recursos característicos de los distintos ambientes de la dehesa. El arbolado se encuentra aquí muy disperso a fin de favorecer el crecimiento del alcornoque y su prolongada fructificación da lugar a una montanera de unos seis meses. El pastizal instalado en torno a los árboles es rico en especies herbáceas y presenta un alto valor nutritivo. El denso matorral incrementa la fertilidad del suelo y da cobijo a la fauna silvestre y en las zonas de aluvial con suelos ricos encontramos cultivos de cereales y leguminosas forrajeares que complementan los recursos alimenticios en los meses de verano.

 

Dehesa de alcornoques y encinas con denso estrato herbáceo en la vega del Tiétar.

De la interrelación de estos ambientes y de su dinámica se derivan situaciones de gran atractivo paisajístico. Destacan entre ellas el característico porte de alcornoques y encinas con el ganado descansando bajo ellas, el contraste entre la roja o anaranjada corteza del alcornoque, según el tiempo transcurrido desde el descorche, y el verde claro de sus copas, el deslumbrante, intenso y contrastado colorido que alcanza el matorral por la abundancia de aulagas, tomillos, brezos y jaras, las abundantes charcas y regatos formados en invierno que se cubren de blanco a principios de primavera con la floración de los ranúnculos y sobre todo la súbita explosión de flores de los pastizales que con sus variados e intensos colores visten de color este lugar. Además el carácter singular de su fauna y sus sonidos incrementan aún más la belleza de este paisaje.