La Guerra Civil en Extremadura

El golpe militar del 18 de julio de 1936 tuvo distinta incidencia en las provincias de Badajoz y Cáceres.

La sublevación contó con escaso apoyo en la provincia de Badajoz, donde existía una implantación más firme de las organizaciones obreras y de los partidos de izquierda. De hecho las organizaciones de izquierda obtuvieron armas para hacer frente a los sublevados. En cambio, en la provincia de Cáceres, la sublevación contó con la participación de mandos militares y de la Guardia Civil y miembros de “Falange Española”. En el mes de julio, los sucesos de armas más destacados ocurrieron en Villanueva de la Serena y en San Vicente de Alcántara; ambas localidades serían recuperadas por las fuerzas republicanas. Podemos decir que, a finales del mes de julio, Extremadura quedaba dividida en dos: casi la totalidad de la provincia de Cáceres estaba bajo el control de los rebeldes y la provincia de Badajoz seguía fiel a la República.

La pretensión de Franco de llegar hasta Madrid a través del territorio extremeño cambiaría la situación en nuestra región. Una columna (“Columna Madrid”) al mando del general Yagüe partió de Sevilla y entró en Extremadura por Monesterio. En agosto las tropas sublevadas tomaron Almendralejo y Mérida, donde encontraron fuerte resistencia por parte de los milicianos republicanos, a pesar de su escasa organización y de su reducido armamento.

Durante los días 13-14 de agosto se producía la ofensiva sobre Badajoz, que caería en manos rebeldes. Aquí se iniciaría una violenta represión sobre los milicianos prisioneros y civiles partidarios de la República: cerca de 4.000 personas serían fusiladas.

Conseguidos estos primeros triunfos militares, la “Columna Madrid” marchó hacia Toledo, no sin antes liberar el Monasterio de Guadalupe del asedio republicano.

A finales de 1936, quedaba fijado el llamado “Frente de Extremadura”, que se mantendría casi igual hasta el final de la guerra, de manera que sólo las comarcas de La Siberia y La Serena, así como parte de Las Villuercas, quedaban bajo el control republicano.

En julio de 1938, Franco ordenó el ataque para eliminar la “Bolsa de la Serena”. En esta primera ofensiva, consiguió ocupar algunas localidades como Don Benito, Villanueva de la Serena, Castuera y Monterrubio. Sin embargo, todavía hubo que esperar a enero de 1939 para que finalizasen las operaciones militares en nuestra región. Esto se produciría con la ocupación definitiva de las localidades de La Siberia que aún permanecían bajo control republicano: Talarrubias, Puebla de Alcocer, Herrera del Duque, Peñalsordo, Siruela, Zarzacapilla…

La Guerra Civil en Extremadura

Las consecuencias de la guerra

A medida que los sublevados iban ocupando el territorio extremeño, fueron desencadenando una actividad represiva sistemática, consistente en la práctica del terror sobre la población civil –sindicalistas, políticos, simpatizantes republicanos…–. Se trataba de atemorizar a la población para que se uniera al nuevo régimen que los rebeldes pretendían constituir. Fusilamientos sin juicios, detenciones arbitrarias, juicios sumarísimos, incautaciones de bienes materiales, purgaciones, rapaduras y vejaciones de mujeres… se sucedieron a lo largo de la guerra. Gran número de partidarios y simpatizantes de la República fueron internados en los campos de concentración que se construyeron en Extremadura: Castuera, Badajoz, Mérida y Cáceres.

Tras la finalización de la guerra, grupos de milicianos republicanos, en lugar de entregarse a los vencedores, decidieron refugiarse en las sierras extremeñas, continuando su actividad guerrillera hasta 1946. Fue el maquis.

El número de pérdidas humanas, víctimas en combate, asesinatos y ejecuciones en ambos bandos, en Extremadura podría estar en torno a las 12.000 personas.

Las consecuencias económicas de la guerra trajeron el hambre y la miseria a Extremadura durante las dos décadas siguientes.

Los efectos psicológicos y morales se hicieron notar en toda una generación de extremeños, que quedaron profundamente marcados por la guerra. A principios del siglo XXI, las personas mayores todavía recuerdan, vivamente y con dolor, el drama sufrido durante este conflicto fratricida.

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