La Segunda República en Extremadura

Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 dieron el triunfo a las candidaturas republicano-socialistas (1.685 concejales) frente a las monárquicas (1.527 concejales). Algo similar había ocurrido en el resto de España, lo que obligó a Alfonso XIII a abandonar el país. Como en el resto de España, en Extremadura la República fue proclamada con entusiasmo y simpatía el 14 de abril. El nuevo régimen suponía nuevas expectativas y posibilidades de cambio en el país. En nuestra región, se pensaba que la República solucionaría uno de nuestros principales problemas: la desigual estructura de la propiedad (una minoría de grandes terratenientes y una gran masa de campesinos sin tierras) y los profundos desequilibrios económicos y sociales entre la población extremeña.

El bienio reformista (1931-1933)

El principal tema de debate fue el problema agrario, especialmente crucial en Andalucía y Extremadura. Los latifundios y el paro de los obreros agrícolas exigían la adopción de medidas por parte de los gobiernos republicanos. Se aprueba en 1931 una serie de decretos que beneficiaban a los jornaleros y yunteros extremeños: la congelación y prórroga de los contratos de arrendamiento; la reducción de la jornada laboral a 8 horas, lo que suponía en la realidad un aumento salarial; la obligación de contratar antes a los obreros del término local; la eliminación de la práctica del subarriendo y la posibilidad de ceder las tierras sin cultivar a campesinos sin tierras por dos años agrícolas para que las trabajasen.

En la Ley de la Reforma Agraria de 1932, se determinaba la expropiación de los latifundios con indemnización a sus grandes propietarios y la entrega de las tierras a los campesinos y jornaleros para su explotación. La aplicación de esta ley se hizo de forma lenta y tímida, en un momento en que empeoraba la situación de los campesinos, por el aumento del paro agrario, como consecuencia de la crisis de 1929 y por la mala cosecha de 1931. Se incrementa la actividad de las organizaciones sindicales y políticas de izquierda. Además, la aplicación de la ley contaba con la oposición frontal de los grandes propietarios. En estas circunstancias aumentó la conflictividad social y política en la región. Entre finales de 1931 y comienzos de 1932 en muchas localidades extremeñas fueron numerosos los enfrentamientos entre los campesinos y la Guardia Civil, como consecuencia de las protestas organizadas por la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra (F.N.T.T.), sección de la U.G.T. Un suceso especialmente trágico fue el ocurrido en el pequeño pueblo de Castilblanco, el 31 de diciembre de 1931: una manifestación de jornaleros, efectuada durante una jornada de huelga general, es disuelta a tiros por la Guardia Civil, produciéndose la muerte de un hombre. Los campesinos se abalanzan con hoces, palos y piedras y dan muerte a cuatro guardias civiles. En 1932, en diversas localidades (Feria, Zalamea de la Serena, Plasencia, Montemolín) continuaron los episodios de violencia, en los que fue frecuente la muerte trágica de algún jornalero.

En el campo educativo, destacó la labor del gobierno para acabar con el analfabetismo y promover la cultura de los pueblos. Para ello, fueron numerosas las escuelas que se construyeron y se incrementó el número de maestros. Otra iniciativa republicana consistió en llevar el teatro, el cine, la poesía, el arte, la música clásica…, en definitiva, la cultura al medio rural. Maestros, estudiantes, escritores y artistas formarán parte de las “Misiones Pedagógicas”, encargadas de promover la cultura en los pueblos.

En 1931, recién proclamada la República, en una asamblea, convocada por la Asociación de la Prensa de Badajoz, surgió una comisión con la intención de redactar un proyecto de Estatuto de Autonomía para Extremadura que sería presentado a la Diputación Provincial. La “Comisión Pro Estatuto Regional Extremeño” inició sus trabajos y animó a que se constituyera en Cáceres otra comisión con la misma finalidad, aunque los cacereños no seguirían la idea. Este proyecto, que manifestaba su conformidad con una posible inclusión de la provincia de Huelva en Extremadura, no llegó nunca a ser concretado, y fue abandonado a finales de 1931. Por entonces, la cuestión agraria y la tensión social que se estaba viviendo, con ocupaciones de fincas y con enfrentamientos entre obreros y patronos, atrajeron toda la atención.

El bienio radical-cedista (1933-1935)

En las elecciones de noviembre de 1933, triunfan los partidos de centro y de derecha, y se forma un gobierno radical-cedista.

Como resultado de la política de derechas que se pone en marcha, se incrementó la conflictividad social en el campo extremeño. A finales de 1933, tuvieron lugar levantamientos anarquistas en diversas localidades extremeñas (Villanueva de la Serena, Navalmoral de la Mata, Plasencia, Oliva de Plasencia…), bajo el protagonismo de la C.N.T. Estas revueltas campesinas originaron víctimas mortales y fueron duramente reprimidas por las autoridades.

En junio de 1934, la F.N.T.T. convocó una huelga general en el campo. La convocatoria sería considerada por el Gobierno como revolucionaria y, por tanto, fue prohibida. La huelga no tuvo el seguimiento que se esperaba, algunos líderes campesinos fueron detenidos, numerosos ayuntamientos socialistas fueron destituidos y varias “casas del pueblo” fueron clausuradas. En octubre de 1934, vuelven a producirse sucesos revolucionarios en ambas provincias, que fueron contestados por el gobierno con el “estado de guerra”.

Durante 1935 la política represiva del gobierno empezaba a dar sus frutos y las organizaciones sindicales y los partidos de izquierdas mostraban síntomas de debilitamiento. Por el contrario, la oligarquía agraria había salido reforzada y el gobierno radical-cedista pone en marcha una ley de contrarreforma agraria en favor de los intereses de los terratenientes. No obstante, los campesinos siguieron movilizándose: ocupaciones de fincas, robos e incendios de cosechas y rastrojos durante el verano y, al final del año, robos de bellotas para comer.

El triunfo del Frente Popular

En febrero de 1936 ganan las elecciones la coalición de partidos de izquierda: el Frente Popular.

A partir de marzo de 1936, se produce un fenómeno generalizado de ocupación de fincas por parte del campesinado. Además, durante la primavera se producen numerosas huelgas en las ciudades y en los campos extremeños. El gobierno reacciona acelerando la puesta en marcha de la Reforma Agraria: numerosas fincas de todas las localidades son repartidas y ocupadas por los jornaleros y yunteros.

Entretanto, las posturas entre patronos y obreros se radicalizan, adquiriendo un carácter prebélico. En las calles, son frecuentes los enfrentamientos entre militantes de derecha y de izquierda. Son el prólogo de la Guerra Civil.

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