La población extremeña de los siglos XVI y XVII

Extremadura durante los siglos XVI y XVII se encontraba escasamente poblada. Este hecho junto con la amplitud del territorio explica que nuestra región tuviera una densidad de población de las más bajas del país.

A lo largo del siglo XVI, la población extremeña creció, aunque su crecimiento se redujo en el último cuarto del citado siglo. En 1528 la población ascendía a los 273.000 habitantes y, a finales del siglo XVI, contábamos con 450.000 habitantes. Esta tendencia de crecimiento se invirtió en el siglo siguiente. En efecto, el siglo XVII va a estar caracterizado por la crisis demográfica, es decir, por la pérdida de población. Hacia 1631 la población extremeña había descendido a 375.000 habitantes. Las causas que explican este retroceso demográfico son: las malas cosechas, que debilitaban los cuerpos y favorecían las enfermedades y epidemias (tifus, paludismo y viruela), la guerra contra Portugal (1640-1668), la emigración a América y la expulsión de los moriscos (1609) que afectó a las localidades donde eran más abundantes. En Extremadura, esta expulsión afectó a casi 11.000 moriscos.

Los núcleos urbanos más poblados eran Badajoz (con poco más de 10.000 habitantes a finales del siglo XVI), Llerena (7.700 habitantes), Jerez de los Caballeros (7.300 habitantes), Cáceres y Trujillo (en ambos casos en torno a 6.000 habitantes). Con la crisis demográfica, algunas de estas localidades llegaron a perder hasta un 27% de su población.

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Cultura Extremeña © Heliodoro Núñez y Antonio Paniagua. 2003