DIEZ TRUQUILLOS PARA REVISAR

1. Leer como un escritor/a. Un fotógrafo observa las fotos de manera muy distinta a un profano. Lee tu escrito como un auténtico profesional. No tengas respeto por nada. Todo puede cambiar, todo puede mejorar. Cada página está llena de nuevas posibilidades. ¿Dice el papel exactamente lo que está en tu mente? ¿Se entiende todo? Arregla lo que no sea aún bastante bueno.

2. Leer como un lector/a. Eres tu propio lector por unos momentos. Métete dentro de él o ella (si lo conoces, todavía te será más fácil). Lee el escrito y detente en cada párrafo. ¿Qué piensas? ¿Lo entiendes? ¿Estás de acuerdo? ¿Cómo rebatirías lo que dice? ¿Qué opinión tienes de eso? Apunta todas tus respuestas y, cuando hayas terminado, analízalas desde tu óptica real de autor. Di: ¿qué puedo hacer para evitar lo negativo que ha pensado «el lector»?

3. Hablar con un lector/a real. Pide a un amigo o a un colega que lea tu escrito. Pídele que diga cuál es, según su opinión, el objetivo fundamental del texto y sus ideas principales. Escucha con atención lo que te diga. No te justifiques. ¿Cómo puedes aprovechar sus opiniones?

4. Imaginar un diálogo con ellector/a. Si no hay lectores reales, Ħimagínatelos! Imagina que visitas a tu lector real (en el despacho, en su casa, en la escuela) y que le cuentas el contenido del texto. ¿Qué te diría? ¿Cómo reaccionaría? ¿Qué le responderías tú? Imagina el diálogo que podríais tener. Utilízalo para enmendar tu escrito.

5. Adoptar una actitud crítica. Relee el texto como si fueras un crítico implacable, con actitud dura. Exagera los errores, busca todo lo que los lectores puedan caricaturizar. No dejes títere con cabeza. Después, recupera el tono racional y valora si estas críticas tienen algún fundamento. Si acaso, rectifica los excesos.

6. Oralizar el escrito. El oído puede descubrir lo que no ha descubierto el ojo. Lee el texto en voz alta como si estuvieras diciéndolo a una audiencia. Escucha como suena: ¿queda bien?, ¿te gusta?

7. Comparar planes. Compara la versión final de tu escrito con los planes iniciales que habías trazado. Si para poner en marcha la composición habías practicado alguna técnica concreta, compara lo que anotaste en aquel momento con el producto final. ¿Has olvidado algo? ¿Responde a lo que te habías planteado?

8. Tests fluorescentes. Si te gustan los rotuladores de colores y las técnicas sofisticadas, ésta puede ser tu herramienta preferida. La tienes explicada en la pantalla anterior.

9. Programas de ordenador. Si dispones de un buen equipo informático o si puedes utilizarlo en algún lugar, no dejes pasar la ocasión de verificar la ortografía, la gramática o la legibilidad con programas automáticos. La lenta informática detecta imperfecciones tipográficas u olvidos camuflados que han burlado la mirada humana. ¡Las máquinas nos humillan!

10. Hacer resúmenes. Lee el texto y resume en una frase corta el mensaje esencial que comunica. Haz una lista de las cinco ideas más importantes que la fundamentan. Busca un título concreto para cada párrafo. Después, responde: ¿Las frases designan exactamente lo que querías decir?, ¿te gusta la organización de los párrafos?, ¿crees que es la mejor posible?

Para terminar, vale la pena recordar uno de esos maravillosos aforismos del malogrado y conocido doctor Eduardo Torres
(Augusto Monterroso, 1978): «Todo trabajo literario debe corregirse y reducirse siempre. Nulla dies sine linea. Anula una línea cada día.»